¿Estás en crisis o necesitas ayuda inmediata? No tienes que atravesar esto en soledad.

Ver ayuda urgente

January 16, 2026

Hablar de peso en la adolescencia: por qué las palabras importan más de lo que parece

Madre conversando con una adolescente sobre cuerpo, alimentación y bienestar


Para familias y seres queridos

Durante la adolescencia, el cuerpo cambia rápidamente. También cambia la manera en que una persona puede percibirse, relacionarse con los demás y responder a los mensajes sobre apariencia, alimentación y peso.

La adolescencia es una etapa de muchos cambios

La adolescencia comprende aproximadamente de los 10 a los 19 años y es una etapa marcada por cambios físicos, cognitivos, emocionales y sociales.

Durante estos años se desarrollan nuevas formas de pensar, aumenta la importancia de la pertenencia social y continúa construyéndose la identidad.

Por eso, los mensajes que una persona recibe sobre su cuerpo pueden tene un significado especial durante esta etapa.

El cuerpo adolescente no es un proyecto que necesita ser corregido constantemente.

Está atravesando un proceso natural de crecimiento y desarrollo.

Cuando un comentario sobre el peso parece pequeño

Algunas frases pueden decirse con intención de cuidar, orientar o prevenir problemas de salud. Sin embargo, el impacto que tienen no siempre coincide con la intención de quien las dice.

“Estás subiendo de peso.” Puede hacer que el cuerpo se convierta en una fuente constante de observación o preocupación.

“Deberías cuidarte más.” Cuando “cuidarse” se asocia únicamente con adelgazar, puede transmitir que salud y peso son la misma cosa.

“No comas tanto.” Los comentarios repetidos sobre cuánto come alguien pueden aumentar la atención, culpa o ansiedad alrededor de la comida.

“Yo a tu edad era más delgada.” Comparar cuerpos puede reforzar la idea de que existe una forma correcta de verse durante la adolescencia.

¿Qué sabemos sobre los comentarios relacionados con el peso?

La investigación ha encontrado asociaciones entre las burlas o comentarios relacionados con el peso y una mayor insatisfacción corporal y conductas alimentarias desordenadas en adolescentes.

Los estudios no permiten afirmar que un solo comentario cause un trastorno de la conducta alimentaria. Los TCA son enfermedades complejas en las que pueden intervenir múltiples factores.

Sin embargo, la American Academy of Pediatrics recomienda que las familias eviten centrar las conversaciones en el peso o las dietas y que, en su lugar,promuevan hábitos de salud sostenibles, alimentación familiar y una imagen corporal positiva.

La intención y el mensaje recibido pueden ser diferentes

Imaginemos que una adolescente escucha:

“No comas tanto, después te va a costar bajar de peso.”

Quien lo dice puede estar pensando en salud.

Pero la adolescente puede empezar a interpretar el mensaje de otras maneras:

  • “Mi cuerpo está cambiando de una forma que no debería.”
  • “Tengo que controlar lo que como.”
  • “Subir de peso significa que estoy haciendo algo mal.”

Esto no significa que ese comentario determine lo que ocurrirá después. Sí muestra por qué puede ser útil pensar no solo en lo que queremos decir, sino también en cómo puede recibirse.

Cambiar el foco: del peso al bienestar

Evitar conversaciones centradas exclusivamente en el peso no significa ignorar la salud física.

Significa ampliar la conversación.

El bienestar durante la adolescencia incluye alimentación, sueño, movimiento, salud emocional, relaciones, energía, desarrollo y muchas otras dimensiones que una balanza no puede mostrar.

El entorno familiar también comunica

Los adolescentes no solo escuchan lo que los adultos dicen sobre sus cuerpos. También observan cómo los adultos hablan de sí mismos, de otras personas de la comida y del ejercicio.

Por eso puede ser útil revisar algunos hábitos cotidianos.

  • Evitar burlas o comentarios sobre el peso y la apariencia.
  • Evitar comparar cuerpos entre familiares.
  • No presentar ciertos alimentos como una recompensa o un fracaso moral.
  • Evitar hablar constantemente de dietas, calorías o necesidad de adelgazar.
  • Hablar de movimiento como una forma de bienestar, no de castigo.
  • Reconocer cualidades que no estén relacionadas con la apariencia.

Hacer preguntas también puede ser una forma de cuidar

No todas las conversaciones tienen que comenzar con una corrección. A veces puede ser más útil comenzar escuchando.

  • “¿Cómo te estás sintiendo con todos estos cambios?”
  • “¿Hay algo relacionado con tu cuerpo que te esté preocupando?”
  • “¿Sientes presión por verte de determinada manera?”
  • “¿Hay algún comentario que hayas escuchado y que te haya hecho sentir incómodo/a?”

Escuchar sin burlarse, minimizar o apresurarse a solucionar todo puede ayudar a que una persona joven sienta que puede volver a hablar cuando algo le preocupa.

¿Y si existe una preocupación real sobre su salud?

Evitar comentarios sobre el peso no significa ignorar cambios de salud que puedan necesitar atención.

Si existen preocupaciones relacionadas con crecimiento, alimentación, cambios importantes de peso, salud física o conductas que están interfiriendo con la vida cotidiana, puede ser adecuado conversarlo con un profesional de salud que tenga experiencia trabajando con adolescentes.

La conversación puede centrarse en comprender qué está ocurriendo, no en avergonzar ni responsabilizar al adolescente por su cuerpo.

Las palabras también forman parte del entorno

Durante la adolescencia, el cuerpo cambia, crece y se transforma. Esa transformación no necesita convertirse automáticamente en un problema.

Como familias, podemos ayudar a construir un entorno donde la salud no se mida únicamente por la apariencia y donde hablar de alimentación o cuerpo no esté acompañado de vergüenza.

Podemos cuidar la salud sin convertir el peso en el centro de la conversación.