A los 13 años, el cuerpo cambia.
Pero también cambia algo igual de importante o incluso más: la forma en que una niña se mira, se valora y se relaciona con la comida.
Muchas veces, con buena intención, los adultos comenzamos a hablar de peso creyendo que estamos “previniendo problemas”. Sin embargo, la evidencia y la experiencia clínica muestran que poner el foco en el peso durante la adolescencia puede generar más daño que cuidado.
Este artículo no busca culpar, sino invitar a reflexionar.
La adolescencia: una etapa sensible, no un momento para el control
La adolescencia temprana es una etapa de:
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Cambios hormonales
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Desarrollo emocional intenso
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Construcción de identidad
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Búsqueda de pertenencia
En este contexto, el cuerpo no es un proyecto a corregir, sino un proceso en desarrollo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la adolescencia es una etapa clave para la prevención en salud mental, ya que muchas dificultades emocionales comienzan a gestarse en estos años si no hay acompañamiento adecuado.
Cuando hablar de peso parece inocente… pero no lo es
Comentarios que suelen escucharse como normales:
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“Estás subiendo de peso”
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“Deberías cuidarte un poco”
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“No comas tanto, luego te vas a arrepentir”
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“Yo a tu edad era más delgada”
Para una adolescente, estos mensajes no se interpretan como orientación.
Se viven como juicio.
Según la American Academy of Pediatrics, los comentarios centrados en el peso durante la adolescencia están asociados a:
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Mayor insatisfacción corporal
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Conductas alimentarias desordenadas
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Mayor riesgo de desarrollar trastornos de la conducta alimentaria
No porque las madres quieran hacer daño, sino porque el mensaje llega en un momento de gran vulnerabilidad.
El peso no es el problema, la relación con el cuerpo sí
La balanza no mide:
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Autoestima
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Ansiedad
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Vergüenza
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Miedo a no ser suficiente
Pero los comentarios sí pueden sembrar esas emociones.
La National Eating Disorders Association (NEDA) advierte que muchas personas con TCA recuerdan con claridad frases aparentemente pequeñas que marcaron el inicio de una relación conflictiva con la comida y el cuerpo.
No fue una dieta.
Fue un comentario.
Un ejemplo real (muy común)
Una niña de 13 años escucha en casa:
“No comas tanto, luego te va a costar bajar.”
No hay mala intención.
Pero el mensaje que recibe es:
“Mi cuerpo es un problema.”
“Comer puede traer consecuencias.”
“Debo controlarme para ser aceptada.”
Con el tiempo, esa idea puede transformarse en culpa, restricción, miedo o silencio.
¿Qué necesitan las niñas a los 13 años?
Más que control, necesitan:
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Escucha
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Seguridad
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Validación
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Modelos adultos que no estén en guerra con su propio cuerpo
La Academy for Eating Disorders señala que un entorno familiar donde se evita hablar de peso y se promueve una relación neutral con la comida es un factor protector frente a los TCA.
Cambiar el foco: de “peso” a “bienestar”
En lugar de preguntar:
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“¿Cuánto pesas?”
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“¿No crees que deberías adelgazar?”
Podemos preguntarnos:
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¿Cómo se siente con su cuerpo?
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¿Come con tranquilidad o con culpa?
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¿Se siente escuchada?
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¿Puede hablar de lo que le preocupa sin miedo?
Hablar menos del cuerpo y más de las emociones también es prevención.
Consejos prácticos para madres y familias
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Evita comentarios sobre peso, propio o ajeno
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No hables de dietas delante de tu hija
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No critiques tu cuerpo frente al espejo
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Refuerza habilidades, no apariencias
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Si hay preocupación, consulta a un profesional, no lo manejes sola
Y, sobre todo: pregunta antes de corregir.
Hacer preguntas también es cuidar
Algunas preguntas que abren diálogo:
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“¿Cómo te sientes con los cambios de tu cuerpo?”
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“¿Hay algo que te esté preocupando últimamente?”
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“¿Sientes presión por tu apariencia?”
A veces, lo que más necesita una adolescente no es una respuesta, sino un espacio seguro para hablar.
Un mensaje final
A los 13 años, la salud mental y la relación con la comida importan más que la balanza.
Las palabras pesan.
Las miradas pesan.
Las expectativas pesan.
Elegir el cuidado por sobre el control puede marcar una diferencia profunda en la vida de una niña.
No se trata de estética.
Se trata de que se sienta cómoda en su cuerpo, con energía, tranquila y segura.
En esta etapa, el cuerpo cambia. Crece, se estira, se transforma.
Es un proceso natural, no un problema a corregir.
Poner el foco en la salud integral, emocional y física, es una forma de prevención real.
Y empieza mucho antes de cualquier número.
Miradas y palabras de amor, ante todo.
Nunca es tarde para empezar a hacerlo mejor.
Con amor,
Soleil
FUENTES:
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Organización Mundial de la Salud (OMS)
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American Academy of Pediatrics
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National Eating Disorders Association (NEDA)
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Academy for Eating Disorders